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>Me quedé anclada en tu rostro invisible
Esa tarde de invierno crudo y helado.
Me estacioné en tu mirada apenas insinuada.
Y allí, me senté a contemplarte, desconocido.
Me llamabas Misterio, tal como la muerte o la vida.
Y, en mi pecho, sentí la aurora o tal vez la miel
Derramase cual helado infinito, lleno de fuego.
Toqué tu rostro invisible, por vez segunda.
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Te sentí inmenso como la palabra entonces.
Te sentí niño hecho de dioses, hecho de metales preciosos.
Te sentí la alquimia en mi corazón silente.
Hoy te encontré, y perdida buscándote te hallé.
Estabas ahí y sin embargo no existías aún.
Sólo imágenes, oscuras copias de lo real.
Sólo tus huellas, sombras de tu paso en lo virtual.
Hasta que pude hablarte y leer tu callada voz.
Y, en los teclados, sentir el golpe tenaz de la atracción.
Sentir el grito suave de tus letras, construyendo
Este nuevo universo; ahora más pleno de ti.
Te abracé entonces sin apenas palparte.
Te besé entonces sin apenas rozarte.
Eras el sendero que me llevaría a la dicha:.
Pero esa noche nos vinos...nos acariciamos con nuestras miradas.
Nos comimos a besos sin rozarnos.
Nos bastaron unos minutos para sentir el amor....
Y ya tu perfume me pertenecía.
Te llame amor...sin decirlo ..te llame a gritos sin gritar.
Te llamo secreto de amor y me llamas corazón.
Hoy ya dias a penas y nos amamos con pasión.
Te amo mas allá de lo permitido mas que a mi vida.